miércoles, 15 de diciembre de 2021

Un poco de la Sombra de Daugris.

 


El camino hacia las tierras de Asabiam era largo, más de dos jornadas habían transcurrido desde que Sibni, dejara a su joven doncella Lindallë en las tierras del dominio. Cabalgaba junto a su extraño acompañante, el anciano que había conocido aún en las tierras de la casa de Abp. Sibni miraba a las crines de su caballo con aire melancólico, el recuerdo de las personas que le habían acompañado en la huída rondaba incesantemente en sus pensamientos. Nurtaro, el carnicero de los tenderetes de Baxrda, la bella Lindallë, todos habían desaparecido, todos habían salido de su vida de un plumazo, y tras las largas jornadas de prolongado camino hacia las tierras orientales, parecía que sus rostros comenzaban a difuminarse, como en una espesa neblina, en sus pensamientos.

— ¿Qué le acongoja, mi señora? —Preguntó Adalhard con una mirada compasiva clavada en la dulce Sibni.

La joven, lo miró con aire de añoranza, y dejó salir un suspiro de sus labios, como si de ellos brotara un viento de desesperación.

—Solo recuerdos, Adalhard, solo recuerdos.

—Es oportuno que deje los recuerdos atrás mi señora. —Los campos Dringos no son lugar en que sea conveniente que los sentidos estén alterados, oscuros poderes son los que allí habitan y oscuras intenciones son las de sus moradores.

— ¿Viajamos hacia el sur mi señor?

—Si alteza

—Pensé que nos dirigiríamos hacia el levante, hacia los pasos de Lâr en la región de Agmar.

—Otras sendas son las que nos esperan. Muchos caminos son los que llevan a las tierras ásperas, y pocos son los que los conocen en su totalidad. Antiguos pasos abiertos por los habitantes de la edad del oscuro, caminos que se ocultaron tras el “gran asedio”. Caminos que se abrirán ante los ojos del que quiera desde su más profundo anhelo, desde sus más insondables deseos.

—Adalhard, dijo Sibni con un hilo de voz

—Si alteza

—Temo a lo que nos espera al otro lado de las montañas negras, la sombra del oriente estremece mi espíritu.

—Nada ha de temer el que ha sentido la llamada, alteza —Una fuerza superior a la que le preocupa la observa, la protege, no tema por criaturas de baja estirpe.

—Pero es tierra de Uruks —dijo susurrante la joven.

—No tema a lo que oriente le depara —Por ahora debemos preocuparnos del camino que bajo nuestros pies se extiende.

Sibni, acarició a su montura suavemente en el cuello. Se colocó la capucha de basta lana gris sobre su cabeza y prosiguió un tramo del paso en un profundo y lúgubre silencio.

El sol comenzaba a esconderse por las suaves lomas del occidente, un color rojizo inundó los cielos de Asabiam. Las aves corrían al refugio de sus ramas con un susurro musical que anegaba el cruel silencio de la vereda sureña.

—Alteza a dos horas de camino, en la aldea de Hae, podremos encontrar una posada. Un colchón mullido y una cama donde descansar estos arruinados huesos, el camino hacia las tierras de Agmar, aún nos demorarán un trecho.

— ¿Cuánto mi buen Adalhard? Preguntó Sibni mientras se aferraba a su silla de montar, que tras diez eternas horas, parecía rasgar la piel de sus muslos.

—Si el clima nos es propicio, creo que llegaremos a mediados de la próxima luna nueva.

Sibni miró a su compañero de viaje y le regaló una cordial sonrisa, se revolvió inquieta sobre su silla y contestó a Adalhard.

—Creo mi señor que deberíamos ir a esa posada que afirmaba conocer, se rió jugosamente y aceleró el paso de su montura.

Hae, era una pequeña aldea situada al este del antiguo bosque de Holdwine, en la zona sur de la región de Asabiam. Hae, la distante, era el significado que tenía su nombre en la ancestral lengua de los primeros nacidos.

La aldea se vislumbraba a lo lejos. El humo de las chimeneas dibujaba una pequeña senda grisácea que se alzaba hacia la bóveda celeste y se difuminaba antes de llegar a las nubes. Las cabañas de techo de cáñamo viejo y paja se disponían en dos hileras a lo largo de una calle sin empedrar. Los dos guardias de la puerta se acercaron al centro de la senda y alumbraron a los visitantes que se acercaban al paso.

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